Entrevista a Reyna Esperanza Cruz

DIEZ RAZONES PARA ESCOGER UN CAMINO
LA SENSIBILIDAD ANTE LAS PALABRAS
¿Cómo comenzó su amor por la poesía?
Creo que mi amor por la poesía comenzó cuando ni
siquiera conocía la palabra poesía. Y esto lo sé retrospectivamente, porque
recuerdo mi deleite con algunos vocablos que me sugerían imágenes muy alejadas
de su significado en la realidad; la palabra celos me remitía inmediatamente
—todavía me pregunto por qué— a una vitrina con copas de cristal fino, y el
nombre de Florinda, una vecina, me hacía ver una bola de cristal, de las usadas
por los niños para jugar, con una hoja verde en su interior. Y también recuerdo
mi reacción al escuchar otras palabras que no consideraba agradables, y me
ocasionaban un malestar inexplicable. Esa sensibilidad ante las palabras, que
perdura en mí con igual fuerza, entiendo que es el sentido poético. Debo haber
nacido con él, porque ni siquiera sabía leer y ya experimentaba esto que he
comentado.
EN EL PRINCIPIO ESTÁ LA POESÍA
La infancia es el arca de oro de la
imaginación poética. ¿Qué peculiaridades tuvo esta etapa de su vida?
Tuve una infancia algo triste, no solo porque
provengo de una familia humilde, de las más humildes en el humilde barrio donde
nací, sino porque mi temperamento melancólico acentuaba lo triste que pudiera
tener la realidad. También porque era la menor de la familia, algo que puede
parecer una ventaja y no lo es, porque genera una cierta sobreprotección, unida
a una exigencia casi invisible, pero real, motivada tal vez porque los padres
—y no los estoy juzgando— intentan corregir errores en su manera de educar.
Cuando en primer grado, casi a los siete años, aprendí a leer, encontré el
refugio ideal en los libros. Tuve juguetes siempre, algunos muy lindos, pero
nunca más acepté jugar con mis primas, que insistían y no lograban convencerme.
Mi único entretenimiento eran los libros. Leer, sumergirme en historias que me
trasladaban a otros sitios, con el sabroso ingrediente de que estaban contadas
con bellas palabras, me llenó de luces la vida. También contribuyó a esto mi
entorno, lleno de historias folklóricas, familiares, de aparecidos, de
supersticiones populares. Y el ambiente casi rural, porque vivía a escasas
cuadras de un río de pequeño cauce, que durante la época de lluvias crecía un
poco, y al que mi madre me llevaba a contemplar a las doce de la noche, cuando
todos dormían. Todavía puedo sentir el contacto de su mano, a la que me
agarraba con temor que a la vez era deleite de sentirme protegida, puedo
escuchar el concierto de miles de ranas a las que ella llamaba cucarros,
nombre que a nadie más he escuchado para nombrar un batracio. Y la sensación
hermosa, entre fascinación y miedo, al ver el río desbordado de su cauce.
En la escuela sentí soledad dentro del grupo. Debo
haber parecido rara a mis coetáneos, porque no se me acercaban mucho y a veces
era objeto de burlas, o quizás era yo quien me alejaba y esa era la represalia.
No así las maestras, sobre todo en los primeros grados, a quienes encantaba mi
afición por los libros y mi facilidad para aprender. Lo cierto es que leer y
mirar hacia mi interior es lo que más recuerdo de la escuela primaria. Algo
esencial para una futura escritora.
La familia, los libros, la introspección y el
contacto con la naturaleza nutrieron y nutren todavía mi imaginación.
SIN IMAGINACIÓN NO HAY REALIDADES POSIBLES
Escribe para niños y jóvenes. ¿Qué
importancia tiene educar la imaginación a estas edades?
La infancia es la etapa donde se siembra lo que se
cosechará a lo largo de la existencia. Cuanto más abundante y mejor sea lo
sembrado, más y mejor se cosechará. Educar no solo la imaginación, pero sí
dando a esta la gran importancia y utilidad, incluso utilidad práctica, que
ella reviste, es el fin que persigue y ha perseguido siempre la literatura para
niños y jóvenes. Por supuesto, matizada por épocas y maneras de pensar. Creo
que dejar que los niños sueñen, creen mundos a su medida, adornen la realidad,
o sea, cultiven la imaginación, es deber de la familia y tarea esencial de
quien escribe para estas edades. No importa desde cuál perspectiva, o cuál sea
el tema escogido, hay que escribir intentando llegar a la sensibilidad de ese
lector en formación para despertar en él asociaciones que le lleven a imaginar
otras realidades posibles. En fin, contribuir a forjar y enriquecer su
imaginación. Sin imaginación, la humanidad estaría aún en la Edad de Piedra.
LEER ES DISCERNIR
Háblenos de la importancia de la
lectura, y sobre todo de la lectura de poesía.
La lectura es la piedra angular de una formación
humanista. No hay programa de estudios que pueda abarcar todo lo que puede
aprenderse, y quien no lee, nunca será alguien realmente culto aunque pueda
exhibir tres títulos universitarios. He conocido personas con altos niveles de
instrucción en determinadas materias, que desafortunadamente expresan su poca
afición a los libros, salvo los que han precisado para su formación académica.
Incluso supe de un estudio realizado en un centro con mayoría de trabajadores
profesionales, donde se comprobó el escaso o nulo hábito de lectura de un alto
número de ellos, y por consiguiente, su pobre formación humanista. Estos
estudios no se realizan con frecuencia, y hasta donde sé, este no se publicó. Sería
interesante comprobar cuánto influye la falta de lecturas en comportamientos
sociales y maneras de ejercer profesiones.
La lectura de poesía es tema aparte. La poesía exige
un lector especial, con una sensibilidad educada desde tempranas edades, y no solo
mostrando la poesía como hecho artístico, no solo la del verso escrito o leído,
sino la poesía como una manera de relacionarnos con el mundo. Enseñar a
apreciar lo sublime, a admirar lo realmente valioso desde el punto de vista
humano o natural, desde la hormiga hasta el héroe, es el mejor modo, pienso, de
conseguir que haya más lectores de poesía. La poesía es consustancial al ser
humano, pero despertar ese gigante dormido es tarea de educadores, ya sea en la
familia o la escuela, de educadores de sensibilidad. Lograrlo redundaría en una
sociedad mejor, con ciudadanos menos violentos o egoístas, capaces de discernir
lo importante de lo superfluo.
UN VERDADERO MODELO TE ELEVA CREADORAMENTE
¿Quiénes fueron sus principales modelos
de creación?
Mis primeras lecturas de poesía, ya con intencionalidad
y verdadero interés por un género determinado, fueron en la adolescencia. Ya
conocía a Martí, desde la escuela primaria, muy someramente, pero mi verdadero
encuentro con la poesía, que impactó con fuerza mi sensibilidad fue a través de
la música. En los años ’70 el cantautor catalán Joan Manuel Serrat musicó
poemas de dos grandes poetas de la lengua española: Miguel Hernández y Antonio
Machado. Escucharlo constituyó para mí un descubrimiento pleno de ternura y
dolor, de amor y belleza, de auténtica poesía, que aún está presente de algún
modo en cuanto escribo, como lo está Martí, al que después leí y leo
profusamente, porque es siempre nuevo, inspirador, y también Lorca, Gabriela
Mistral, Dulce María Loynaz y otros muchos, todos clásicos de nuestro idioma.
Tratar de llegar a esa altura de la creación, a la cual no he llegado ni
llegaré nunca, es lo que me ha hecho ascender «un paso en la sombra» en busca
de esa luz imantada que solo nos puede brindar la poesía.
MI REINO ES LO VEGETAL
La naturaleza ocupa un lugar
significativo en su expresión poética, ya sea como asunto o como lenguaje
asociativo. ¿Por qué?
Nací y crecí cerca de la naturaleza. El río, los
árboles, las plantas medicinales, las flores, los pájaros, las plantas
silvestres que crecían en las cercas, el mar particularmente azul y hermoso de
Puerto Padre: todo esto forma parte de mis primeros recuerdos. Forman parte de
mi identidad como ser humano. Es por eso que prefiero un árbol en el borde de
la carretera, antes que al edificio que acaban de construir. Aunque comprenda
la utilidad del edificio, este no se conecta a mi alma como lo hace el árbol, que
me reconcilia con la vida, como siempre digo. Eso me ocurre con el olor del
mar, con una semilla cuando brota, ante un rosal o un romerillo florecidos. Lo
vegetal es mi reino. Y el trino de las aves para completar el encanto de ese
reino.
LA POESÍA ES FORMATIVA
¿Qué aspectos no deben faltar en una
legítima formación humana? ¿Qué papel juega la poesía en esa formación?
La formación humana es la más compleja de las tareas
a que nos enfrentamos. La formación de otros, y la nuestra, mucho más difícil,
porque en este caso somos maestro y discípulo a la vez. En ella no debe faltar
algo que es uno de los diez mandamientos: amar al prójimo como a uno mismo.
Partiendo de ahí, es primordial tratar de conocer y comprender todo lo posible.
Como no podemos hacerlo de primera mano, es decir, no podemos ir a cada sitio,
explorar, investigar y hacer descubrimientos trascendentales, hay que acudir a
lo que ya hemos mencionado: la lectura. En los libros está condensada la
sabiduría acumulada a través de los siglos, la imaginación de millones de seres
excepcionales, la historia de la humanidad. Esto en el terreno del
conocimiento.
En los libros de poesía están la solidaridad más
profunda, la comunicación más inmediata, los sueños que soñamos todos por
igual, sin importar si nacimos en isla o continente, en arena o nieve. El ser
humano es el mismo en todas partes, ya se ha dicho. Y el ser humano, cuando
está en la poesía, ya sea como autor o lector, está en su momento más humano.
Nada más formador que la poesía.
EL SITIO NATAL ES UN ORGULLO QUE NUNCA DISMINUYE
Puerto Padre, su pueblo natal, ha tenido
una rica vida cultural. Descríbanos su participación, y algunos detalles de su
experiencia como museóloga.
Puerto Padre es una ciudad con una gran tradición
cultural, sobre todo en la música y la literatura, pero también en la
investigación histórica, lexicológica, arqueológica.
Sus habitantes siempre supieron cultivar y apreciar
el arte, incluidos el arte de la hospitalidad y las buenas maneras, y el de los
necesarios pequeños detalles, imprescindibles para lograr grandes empeños.
Cuando intento formar parte del movimiento literario allí, tenía a mis espaldas
una larga lista de nombres conocidos y reconocidos en el país y más allá de sus
fronteras. No menciono nombres porque la lista sería muy extensa. Era un
desafío grande. Cuando logré unirme a los que como yo soñaban con la gloria, no
la gloria vacía del renombre, sino la gloria de ser parte de algo que se conoce
y ama, no hice más que ser otra voz en el coro. Eso es para mí un logro mayor.
Decir: soy de Puerto Padre, es un orgullo que nunca disminuye. Y el hecho de
haber trabajado durante treinta años en su museo municipal, quince de ellos
dedicados a la animación y promoción cultural, fue un privilegio y una escuela.
Porque allí adquirí y compartí conocimientos, realicé sueños, entablé amistades
que perduran en el tiempo. Fue lo mejor que me pudo suceder en el plano laboral
y humano.
Lloré cuando un huracán dejó maltrecho el edificio
de la institución, porque lo sentía como mi casa.
NECESIDAD DE POESÍA
Alarmante y compleja es la época que
vivimos. ¿Cómo la ve usted y cuál es la posición de la poesía en ella?
La veo tal como la ha descrito: alarmante y
compleja. La poesía es ahora más necesaria que nunca, porque es menos buscada
que nunca.
ESTE ES EL CAMINO QUE QUIERO
¿Por qué escogió el camino de la poesía?
Creo que no escogí el camino de la poesía, sino que
ese camino se encontraba en el vientre de mi madre antes de que yo naciera.
Bastó comenzar a recorrerlo cuando tuve pies y voluntad para ello. Pero
honestamente, no conozco otro camino. No necesito ni quiero otro camino. Ni
siquiera si en él me esperara la riqueza material o la inmortalidad. Casi al
final de mi recorrido lo digo: Nunca escogería otro camino que no fuera el de
la poesía.
Entrevistó:
Roberto Manzano
Publicado inicialmente en:
https://5f0a826f8f274.site123.me/



